De “taleguero” y telonero, a leyenda de nuestro deporte, Loreto IV

La historia de Antonio Gonzales, Loreto IV; una eminencia en la historia de nuestro deporte.

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Imagen de: Historia de la lucha canaria.

10/1/20263 min read

Antonio González, más conocido como Loreto IV, nació el 11 de enero de 1967 en el seno de una familia modesta de la isla de Gran Canaria. Lo vio crecer el barrio de Montaña de San Fernando, en Agüimes; y desde muy joven, la lucha ya formaba parte de su vida.

El afán por este deporte le llegó de su familia. Su tío Antonio, Loreto I, dio rienda suelta a una saga de grandes luchadores. Loreto IV fue el menor de diez hermanos y, desde niño, el interés por la lucha le invadió significativamente.

En casa, la decisión de que luchara no fue del todo bien recibida. A su madre no le gustaba verlo implicado, ya que, como el propio Antonio ha recalcado en más de una entrevista, poseía un cuerpo delgado y aparentemente endeble para practicar un deporte con las exigencias físicas que requiere la lucha. Sin embargo, nada le frenó y acabó convirtiéndose en una de las mayores leyendas de nuestro deporte.

Los inicios de Loreto en la lucha nacen como «chico talega» y telonero. Al ser tan joven, no le permitían bregar, ya que no cumplía con la edad necesaria para competir con su equipo de aquel entonces, el Roque Nublo. No obstante, lejos de asumir aquella limitación, Loreto empezó a bregar ante el público como telonero de las luchadas. Antes de cualquier encuentro, retaba a algún componente del equipo rival, muchas veces chavales que se encontraban en la misma situación que él, y daban un espectáculo inicial con el que añadir emoción al comienzo de los enfrentamientos.Por otro lado, lo de «chico talega» viene dado por su compromiso extradeportivo con el club. Antonio era el responsable de llevar la ropa de todos los luchadores, realizando una labor de utillero de la que en más de una ocasión ha hablado con cariño.

A medida que fue creciendo, despuntaba cada vez más. Destacaba, sobre todo, su manía de pasarse a lo zurdo, algo muy poco habitual en la lucha y una técnica repudiada por la gran mayoría de luchadores, que mostraban un claro problema de coordinación al adquirir esta posición. Esta táctica de Loreto no vino por una condición de zurdo; al revés, el propio Antonio ha dicho que es diestro. Sin embargo, adaptarse a esta posición fue más un factor de necesidad. Como ya se recalcó con anterioridad, Antonio González tenía un físico más endeble en comparación con otros luchadores, lo que le obligó a adoptar este nuevo agarre que le permitía poner en aprietos a luchadores superiores en cuanto a fuerza y condiciones físicas.

Con el paso del tiempo, Loreto se empezó a convertir en una joven promesa de la lucha canaria y, tras una trayectoria en equipos como el Roque Nublo, Casa Pastores y Unión Las Nieves, acabó dando un enorme salto de calidad a finales de los 80, en el Arguineguín de Segunda Categoría. La trayectoria fue cada vez a más y otra etapa de gloria le llegó en el Maspalomas, donde estuvo hasta 1994 y donde ganó el Campeonato Regional de la Copa Coronas durante tres ocasiones.

Loreto IV alcanzaría su plenitud deportiva en una época donde la lucha era extremadamente popular en nuestro archipiélago. De ahí que muchos la llamen la época dorada de nuestro deporte, donde entre los 80 y los 90 se vieron luchar a grandísimos puntales como Parri II, Melquiades Rodríguez, Tonono, Emilín, Quico Lozano, Juani Franquiz, Toribio León, Jorge Pulido, Vicente Alonso, Pedro Cano y muchos más. Una generación de bregadores que se derribaron los unos contra los otros. Entre las destacadas anécdotas de Loreto se encuentra su rivalidad con Parri II, donde protagonizaron dos desafíos frenéticos, concluyendo en una victoria para cada uno.

A mediados de los 90, Loreto fichó por el Castillo de Romeral, donde se agravarían sus problemas con las lesiones, que le limitarían y dejarían los últimos años de su trayectoria deportiva con ciertas dificultades a la hora de competir. En el año 2002 ficharía con el Aldea Blanca y, posteriormente, tendría una fugaz experiencia por varios equipos de otras islas como el Tinajo, el Tazacorte y el Florida, de la isla de Tenerife, equipo en el cual decidió colgar la ropa.

Antonio González es uno de los grandes luchadores de la historia de nuestro deporte, un bregador nato, de raza, que con un cuerpo más limitado que el de muchos puntales nos enseñó que, con pundonor, técnica y coraje, podía convertirse en uno de los mejores. Puntales como Jorge Pulido y Toribio León hablan de Loreto como una de las grandes eminencias de aquella época, un luchador inconfundible y muy difícil de derribar. Su patentada pasada a lo zurdo dibujó sobre el lienzo de la lucha una obra de arte eternamente recordada.

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